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Liderazgo docente: el desafío de innovar para transformar la enseñanza universitaria

El liderazgo educativo se consolida como eje clave para impulsar transformaciones pedagógicas con sentido, más allá del uso instrumental de la tecnología.

El pasado 22 de abril de 2026, la Universidad fue escenario del conversatorio Brunch + Learning – Liderazgo educativo e innovación: conversaciones para transformar la enseñanza, en el marco de la Ruta Docente Digital, orientada a generar red, diálogo y reflexión entre docentes.

Moderado por Claudia Villafañe, directora de Innovación Educativa Digital de nuestra Casa de Estudios, el espacio reunió a Gary Cifuentes, doctor en Filosofía y director de Investigaciones de la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes, y a Sindey Bernal, doctora en Educación Inclusiva y exviceministra de Transformación Digital (MinTIC), reconocida internacionalmente por su trabajo en innovación educativa. Sus trayectorias, que articulan academia, política pública y trabajo en territorio, permitieron abrir una conversación amplia y situada sobre el liderazgo educativo.

Claudia Villafañe, Gary Cifuentes y Sindey Bernal durante el encuentro Brunch + Learning.

«la innovación es posible con altas dosis de creatividad, visión, trabajo en equipo y planeación»

Innovar con propósito: más allá de la tendencia

Uno de los ejes centrales del diálogo fue comprender la innovación educativa como un proceso intencionado. En palabras de los panelistas, innovar implica la “introducción deliberada del cambio”, orientado a mejorar la calidad educativa y cerrar brechas, lo cual exige planificación, claridad pedagógica y una visión de largo plazo.  Más que una respuesta a tendencias tecnológicas, se planteó como una práctica orientada al mejoramiento de la calidad educativa y al cierre de brechas.

En este sentido, se destacó una tensión clave: mientras la tecnología abre posibilidades, también puede ampliar desigualdades si no se integra de manera contextualizada. La brecha digital, entendida no solo como acceso, sino como uso significativo, sigue siendo un reto estructural. Casos compartidos durante el conversatorio evidenciaron cómo la entrega de dispositivos sin procesos formativos, o sin considerar las condiciones territoriales, puede resultar insuficiente e incluso contraproducente. 

Docentes y estudiantes como creadores: agencia y co-construcción

Frente a este panorama, emergió con fuerza la noción de agencia educativa. Se enfatizó la necesidad de formar docentes y estudiantes como prosumidores de contenido: sujetos capaces no solo de consumir información, sino de producir conocimiento, crear soluciones y co-construir aprendizajes desde sus realidades. Este enfoque sitúa al estudiante en un rol activo y al docente como mediador y diseñador de experiencias con sentido.

El liderazgo fue otro de los conceptos articuladores del diálogo. Más allá de definiciones tradicionales, se planteó como la capacidad de formular una visión clara y movilizar a otros hacia ella. Sin embargo, en el ámbito educativo, este liderazgo no es únicamente individual: también es colectivo, distribuido y profundamente condicionado por el contexto institucional. Experiencias compartidas mostraron cómo líderes educativos en entornos adversos logran impulsar transformaciones significativas al articular comunidad, currículo y tecnología con un propósito claro.

Barreras visibles e invisibles para innovar

Asimismo, se abordaron las barreras que dificultan la innovación. Además de las limitaciones estructurales, como infraestructura o recursos (barreras de primer orden), se identificaron obstáculos más profundos, como el miedo al error, la resistencia al cambio o las creencias docentes (barreras de segundo orden). Estas últimas, muchas veces invisibles, pueden frenar procesos innovadores incluso en contextos con condiciones favorables.

El conversatorio cerró con una reflexión contundente: la innovación educativa no se decreta ni se impone. Se construye desde la comprensión del contexto, el trabajo colaborativo y una visión compartida. Para las instituciones de educación superior, esto implica generar condiciones que favorezcan la experimentación, reconocer el valor de las prácticas docentes innovadoras y fortalecer la formación continua.

Este espacio no solo dejó aprendizajes, sino también una invitación abierta: repensar el rol del liderazgo en la educación contemporánea y asumir la innovación como un compromiso ético con la transformación de la enseñanza.

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