Aprender antes de llegar: el modelo híbrido de Rumbo Eco
Un estudiante internacional llega a Puerto Carreño sin haber pisado nunca la Orinoquía. Pero su viaje ha empezado mucho antes: ya sabe a qué va, con quién va a hablar y qué le va a proponer. En otra parte del mundo, la Escuela de Verano Rumbo Eco diseño eso para él.
Llevar a 10 estudiantes internacionales a consultar con operadores turísticos en Puerto Carreño, Vichada, no empieza en el aeropuerto. Empieza semanas antes, frente a una pantalla.
Ese fue el reto que DirInnova resolvió con el diseño del componente virtual de la Escuela de Verano Rumbo Eco, desarrollada junto con la Universidad EAN con financiación del ICETEX: convertir el aula virtual en un andamiaje real para la acción en territorio.
La tecnología como puente
Esta Escuela de Verano es una experiencia de internacionalización que conecta estudiantes de otros países directamente a la Orinoquia colombiana. Su estructura es híbrida: cinco semanas de formación virtual seguidas de una semana de trabajo presencial en Puerto Carreño, y una socialización virtual de cierre.
El componente virtual no reemplazó la experiencia en campo, sino que preparó a los estudiantes para ese momento. Cuando llegaron a Puerto Carreño, ya tenían conceptos trabajados, marcos de referencia compartidos y preguntas formuladas: llegaron listos para aplicar como consultores.
La semana presencial fue, en sentido estricto, trabajo aplicado. Los equipos desarrollaron consultorías reales para agencias de turismo locales, con todo lo que eso implica: diagnóstico, propuesta, interlocución con actores del territorio, etc. No fue una visita, fue una aplicación consciente de lo aprendido.
Para quienes diseñaron el curso, la virtualidad cumplió un papel que va más allá de la logística. Los módulos virtuales permitieron que cada objetivo de aprendizaje (sostenibilidad, turismo, servicios ecosistémicos) se desarrollara de forma específica y secuencial. Casos reales, material audiovisual, recursos apoyados con IA y foros interactivos sustituyeron con ventaja lo que, en otro formato, habría exigido presencialidad desde el inicio.
“La fase virtual se convirtió en el escenario perfecto para que los estudiantes pudieran abordar de manera autónoma las problemáticas del territorio y las soluciones que podían aportarles.”
- Juan Fernando Sansón, docente de la Escuela de Verano Rumbo Eco
A eso se sumó la riqueza intercultural del grupo: 10 estudiantes de siete países (Ecuador, República Dominicana, México, Francia, Perú y Brasil) construyeron juntos antes de compartir un espacio físico.
Lo que este modelo hace posible
Lo que distingue a Rumbo Eco es la intención pedagógica que conecta ambas modalidades y la apuesta clara de internacionalización con base en el territorio:
- El conocimiento académico dialoga con los desafíos reales del territorio
- Estudiantes de distintos países construyen marcos conceptuales comunes antes de compartir un espacio físico
- La consultoría en campo no es una visita, sino una aplicación consciente de lo aprendido.
Una apuesta para que la virtualidad deje de ser sinónimo de distancia y se convierta en condición de posibilidad para experiencias que, de otra manera, no existirían. Sin esas cinco semanas de preparación virtual, la semana en la Orinoquía habría sido otra cosa. ¿Quieres saber cómo fue esa semana en territorio? Lee aquí la experiencia completa.
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